Nacimiento y desarrollo del estremeñu

Ya hemos hablado antes en el Palra! de la relación entre la lengua extremeña y el asturleonés, el gallego-portugués y el castellano en El estremeñu… ¿castellano o asturleonés? En este artículo queremos dar un paso más y proponer un nuevo enfoque que aúne las distintas visiones sobre la filiación de las lenguas ibéricas occidentales.

La clasificación genética del estremeñu ha sido motivo de discusiones académicas desde la segunda mitad del siglo XX. Existen dos posturas principales: por un lado está la de los que abogan por situar a nuestra lengua como parte de las hablas orientales del dominio asturleonés; por otro, la que defiende que el extremeño sea más bien un habla de tránsito esencialmente castellana (junto al cántabro o montañés).

Siguiendo el enfoque de los estudiosos del siglo XX, los académicos suelen dividir el mentado continuo dialectal de oeste a este en tres diasistemas: gallego-portugués, asturleonés y castellano. De este modo, la etiqueta de leonés o asturleonés se ha convertido en un cajón de sastre donde entra todo lo que está entre los otros dos dominios. Un diasistema es un conjunto de variedades lingüísticas que comparten la mayoría de sus elementos y cuyo desarrollo histórico ha sido parecido, así que el problema de esta división en bloques es que no define con claridad el parentesco de las hablas ambiguas.

Dominio asturleonés
Variantes asturleonesas occidental, central y oriental (sin el cántabro ni el extremeño)

 

Para superar este punto débil de la teoría de los tres diasistemas, pensamos que es más útil apostar por un enfoque bipolar que considere las diferencias graduales reales entre los hablares noribéricos; desde el gallego al castellano pasando por las hablas asturleonesas y las llamadas de tránsito.

La teoría de los dos polos

 

mapa polus
Situación de los romances noribéricos hacia el siglo X

 

Entendemos que las lenguas de la cornisa cantábrica forman una familia de hablas que fueron muy semejantes en época temprana, tras la conversión del latín en romance que se dio en aquella franja del antiguo Imperio romano. Con el tiempo, la jerga del polo cantábrico (zona oriental) comenzó a distinguirse de la del polo galaico (zona occidental).

El polo galaico conservó más la pronunciación del romance primitivo, a la que se sumaron algunas innovaciones y desarrollos propios:

Gallego-portugués:  farinha, direito, queixo/ouro, ferro/ovo, caixa/olho, águia/cadea, lume, chave, lenha, lamber.

Asturleonés occidental: fariña, dreitu, queisu/ouru, fierru/güevu, caxa/güechu, águila/cadena, llume, chave, lleña, llamber.

Como se puede comprobar, estos dos grupos de hablas mantienen aún hoy un gran número de coincidencias como son el mantenimiento de la f– inicial, la conservación del grupo –it-, los diptongos decrecientes, la palatalización de grupos latinos como cl- (clavem>chave), la reducción del grupo latino -min- a –m– (luminem>lume/llume) y la persistencia del grupo –mb-. Se diferencian, sin embargo, en el desarrollo de los diptongos crecientes del asturleonés -que ya experimenta una fuerte penetración de rasgos cantábricos-, la caída de la –n– y –l– intervocálicas -que se mantienen en leonés- y la tendencia a la conversión en ll– (che vaqueira) de la l- también en leonés. Ambas variantes muestran semejanzas en el desarrollo de las consonantes sibilantes en palabras como caixa/caxa.

El asturleonés central es el grupo de hablas que se encuentra a medio camino entre el polo galaico y el cantábrico. Es asimismo la base de la norma estándar de la Academia de la Llingua Asturiana y la variante más asociada al nombre de bable. Fonéticamente, se diferencia de su pariente occidental en una mayor participación de los rasgos cantábricos: el grupo –it– da paso a –ch-, los diptongos decrecientes desaparecen y la palatalización inicial tiende más a la elle que a la che vaqueira. El resto de rasgos enunciados se mantienen:

Asturleonés central: fariña, drechu, quesu/oru, fierru/güevu, caxa/güeyu, águila/cadena, llume, llave, lleña, llamber.

En el polo cantábrico apreciamos una pérdida considerable de los sonidos del romance primitivo (f-, –it-, diptongos decrecientes…) y un desarrollo distinto de la palatalización:

Asturleonés oriental: hariñe, drechu, quesu/oru, hierru/güevu, caxe/güeyu, águile/cadene, llumi~llumbri, llavi, lleñe, llamber.

Cántabro: jarina, derechu, quesu/oru, yerru/güevu, caja/oju, águila/cadena, lumbri, llavi, leña, lamber.

Extremeño: harina, derechu, quesu/oru, hierru~yerru/güevu, caxa/oju, águila/cadena~caena, lumbri, llavi, leña, lambel.

En estas variantes, los rasgos fonéticos galaicos han desaparecido casi por completo. El asturleonés oriental aún conserva la evolución de l– a ll– del asturleonés central (que posiblemente sea una extensión de la palatalización de los grupos cl-, pl- y fl-), pero aspira la f– (f->h) y conoce la evolución del grupo latino -min- a –mbr– como el cántabro y el extremeño. El asturleonés oriental también conserva la pronunciación tardomedieval de x y de (caxa, güeyu), que se aspiran en las otras dos variantes (la x y la j en extremeño se leen como la hache aspirada, así como la j en cántabro).

El asturleonés oriental, el cántabro y el extremeño son las lenguas vivas que más recuerdan al castellano antiguo. La lengua de Cervantes nos parece por ello una variante desgajada del polo cantábrico que ha perdido la aspiración (la hache es muda), ha desarrollado un sonido gutural desconocido en las otras hablas (la jota castellana), no cierra las vocales finales, no conserva el vocalismo medieval y desarrolla la reducción del grupo –mb– a –m-:

Castellano: harina, derecho, queso/oro, hierro/huevo, caja/ojo, águila/cadena, lumbre, llave, leña, lamer.

 

mapa vocabulariu
Muestra de los cambios graduales de pronunciación

 

El extremeño y el castellano

Para diferenciar las áreas de influencia de cada polo y las variantes más representativas de cada uno nos hemos servido únicamente de los distintos desarrollos fonéticos, pero la polaridad es observable también en el vocabulario, la morfología o la sintaxis.

Consideremos las distintas formas de imperativo. Si bien las realizaciones en plural de este modo verbal vienen del latín ate, –ete e ite, las distintas soluciones indican desarrollos diversos.

El imperativo plural gallego-portugués ade, –ede e ide penetra también en el asturleonés occidental, aunque en el dominio asturleonés la forma general es ai, –ei e –í; formas que se extienden también al extremeño y al cántabro. El castellano muestra preferencia por ad, ed e id; como al parecer ocurría en el romance andalusí sureño y también semejante a la forma aragonesa (az, –ez e iz). Este tipo de coincidencias atestiguan un contacto del romance cantábrico de Castilla con las hablas del sur y el este -cosa que no experimentó el extremeño antiguo-, cuya influencia determinaría en parte el alejamiento con respecto a las otras variedades cantábricas.

El estremeñu, además, se encuentra más cerca que el castellano de las lenguas occidentales en el terreno léxico, y su vocabulario es más antiguo. El castellano ha experimentado una mayor influencia de otras lenguas durante la Edad Media y ha ido perdiendo voces vernáculas con el paso de los siglos en favor de palabras y usos del francés y del inglés, ya en época moderna. El goteo de voces cultas y tecnicismos grecolatinos -fruto de las modas lexicográficas de los últimos tiempos- también han afectado al habla diaria del español, mientras que el extremeño ha conservado mejor los usos romances al haber continuado como habla rústica hasta nuestros días.

A nuestru parecel, el estremeñu sedría assínmenti una varianti lengüística dimaná delo que ogañu se conoci comu cántabru: una palra que huerun abaxandu pal sul los colonus cristianus duranti la conquista d’Al-Ándalus. En el sigru XI, quandi escomençó la toma delas agora tierras estremeñas, la lengua devía d’estal presenti nel territoriu de Cantabria i alreoris, salienti delas provincias de León, Çamora i Salamanca, ponienti de Castilla la Vieja i sul de Salamanca. Ya n’Estremaúra, esta habra’l norti se mesturó un pocu con el romanci andalusín lusitánicu, i desenroó elimentus comparantis alos de sotras palras del sul dela Corona de Castilla comu el manchegu, el murcianu o l’andalús. Assina tuvu nacencia i s’ahormó la nuestra lengua enque, por falta d’interés i vestigación, no s’enseñi ena Nuversidá d’Estremaúra.

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